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El lenguaje de los aromas


Con el tema de los mejores vinos del 2008 me entusiasme un poco y recorri unas web de vinos. Pase por Concha & Toro y encontre mucha informacion interesante para los amantes del vino.
Espero que lo disfruten

La calidad y la intensidad de los aromas se determinan, no solamente por la personalidad de un vino, sino también por su afinidad con la forma de la copa. Cuando el vino se sirve, comienza a evaporarse inmediatamente y sus aromas llenan rápidamente la copa, en capas de acuerdo a su densidad y peso específico.

Los aromas más livianos, aquellos que recuerdan a flores y frutas, se elevan hasta el borde mismo de la copa, mientras que el centro se llena con vegetales verdes y componentes minerales y terrosos. Los aromas más pesados, típicos de la madera y el alcohol, se quedan sobre la superficie misma del vino.


Mover la copa produciendo un remolino en el líquido humedece una superficie mayor de las paredes, incrementando la evaporación e intensidad de los aromas. Esto explica por qué el mismo vino demuestra una sorprendente variedad de aromas. (El mismo vino puede mostrar aromas frutales en una copa y acentos a vegetales verdes en otra). Para eliminar este efecto físico, sería necesario agitar verticalmente la copa para que la mezcla de las distintas capas fuera completa, y sólo así se podría lograr el mismo bouquet en todas las copas.

Las copas de grandes dimensiones permiten "olfatear" a través de las distintas capas del bouquet. Inhalando lenta y regularmente (por unos 10 segundos), podemos ir percibiendo desde las notas frutales a los detalles terrosos y alcohólicos más profundos.
Aprendiendo a tomar el gusto

El sentido del gusto está determinado por las papilas gustativas ubicadas en la lengua. Sobre la misma, las principales sensaciones (dulce, amargo, salado y ácido) se ubican en zonas diferentes. La forma de la copa, determinará en que zona de la boca recibo el líquido y por lo tanto la primera impresión gustativa.

La forma de la copa hace que la cabeza se posicione para beber y no derramar. Las copas de boca ancha hacen bajar la cabeza para paladear, mientras que un borde reducido fuerza la cabeza hacia atrás, creando un canal de líquido por gravedad.

Todo esto hace que la bebida penetre y se posicione en la zona de gusto que se busca llevando a distintas expectativas de sabor. Una vez que la lengua está en contacto con el vino, se transmiten tres mensajes al mismo tiempo: temperatura, textura y sabor

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